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En el X aniversario del fallecimiento de Doris Benegas

Hoy, 29 de julio de 2026, se cumplen diez años del fallecimiento de Doris Benegas. Una década sin su voz, sin su energía incansable, sin su mirada firme y su sonrisa cómplice. Pero también una década en la que su legado —el de una mujer que fue una auténtica revolucionaria, como abogada, feminista, comunera y, ante todo, como luchadora del pueblo— ha seguido vivo en cada causa que defendió y en cada persona a la que inspiró.

Nacida en Caracas en 1951, en el seno de una familia marcada por el exilio político, Doris trajo consigo desde la cuna una herencia de lucha y resistencia. Hija de padre vasco exiliado tras la Guerra Civil y de madre venezolana de origen libanés-palestino, su vida fue un viaje constante entre identidades, geografías y militancias. Sus primeros pasos fueron en el activismo estudiantil, e inmediatamente después, desde la factoría automovilística de FASA en Valladolid, se sumergió en las luchas obreras, como trabajadora y como abogada. Su despacho sería incendiado en 1979 por un grupo fascista, pero ni el fuego ni las amenazas lograron apagar su determinación.

Desde entonces y hasta su último aliento en 2016, Doris dedicó su vida a la defensa de los derechos del pueblo trabajador castellano, con una especial y apasionada entrega a los derechos de las mujeres. Su compromiso y militancia feminista fue temprana y profunda.

Una causa que siempre ocupó un lugar central en sus preocupaciones fue la de los derechos de la infancia. La situación de los niños y niñas en Gaza, en Palestina, le romperían el alma, como nos la parte a nosotros/as. Estamos convencidos/as de que Doris viviría la situación actual con la intensidad que la caracterizó. Siempre implicada y preocupada por el devenir internacional, su mirada se posaría hoy en los múltiples frentes abiertos desde los que el imperialismo azota a los pueblos, desde Cuba hasta Irán, y su voz clamaría contra la guerra a la que el Sistema capitalista nos conduce.

Doris nos enseñó que la lucha no es un destino, sino un camino que se recorre cada día. Nos enseñó que la coherencia y la honradez no son palabras vacías, sino formas de vida. El mejor homenaje que podemos rendirle es mantener viva su memoria en la acción: en la defensa de los derechos de los pueblos oprimidos, en la solidaridad con los sectores más vulnerables de la sociedad, en la denuncia de toda injusticia.

Hoy, en este décimo aniversario, la recordamos con gratitud y con la certeza de que su ejemplo nos acompañará mientras haya causas por las que luchar.

Siempre presente, compañera.

29/07/2026